viernes, 13 de abril de 2018

Tira y afloja.


No lo voy a negar, me gustaría que me comieses. Entera. De arriba a abajo. Norte, sur, este y oeste. Que me agarrases de la mano y me llevases lejos. Que bailásemos pegados, muy pegados. Que mis fotos sean todas en tu cama. O en la mía, que más da. No voy a negar que me pongo celosa cuando me hablas de otras. Tampoco voy a negar que en compensación te he hablado de otros para ponerte celoso. Es un tira y afloja continuo, pero cariño sigue tirando, ya aflojaremos luego. Tira, tira los dados que es tu turno, y juégame, juégame lento. No es más que una partida en el que podemos perder la razón y la ropa.


jueves, 12 de abril de 2018

Raspones.

Quiero enseñarte el mundo. La cara bonita y la cara fea, como las dos caras de la luna. Quiero que camines solo y a mi lado. Que aprendas a quererte y a quererme, pero sobretodo a quererte. Quiero que sonrías todos y cada uno de los días de tu vida aunque solo sea una vez. Quiero que te valores, que te veas de verdad y que te mires en el espejo orgulloso de ser quien eres. Quiero ver el brillo en tus ojos cada vez que algo te ilusiona y que me contagies con tu risa cuando estés alegre. Quiero que te ates bien los zapatos para evitar tropezar con tus propios cordones, pero que si tropiezas sepas que levantarse es posible incluso estando solo. Que los raspones de las rodillas son normales y que llorar no es ilegal. Quiero que mires lo más lejos posible y digas: hasta allí voy a llegar. Que no dudes a la hora de luchar para llegar a tus metas, que si cuesta es porque merece la pena, que te convenzas de que no hay nada imposible. Recuerda lo que dicen por ahí: lo imposible solo cuesta un poco más. Quiero que salgas a la calle seguro de que tienes derecho a pisarla con fuerza y hacerla tuya, porque ¿sabes qué? El mundo es tuyo.



Como buena señorita.

De pequeña me dijeron que no era de señoritas levantar la voz ni decir palabras malsonantes. También me dijeron que cruzase las piernas, que no fuese mandona, que no debería jugar con los niños en la tierra, que si tenía ya novio (y eso que era una niña)... Luego crecí y siguieron diciéndome que levantar la voz y decir palabras malsonantes no era de señoritas, que cruzase las piernas, que no fuese mandona y también empezaron a decirme que mi falda era demasiado corta, que iba provocando, que si no era demasiado joven para tener novio. Seguí creciendo y levantar la voz, decir palabras malsonantes, no tener las piernas cruzadas y ser mandona seguía sin ser propio de señoritas. Las faldas siguieron siendo demasiado cortas. Empezó a pasárseme el arroz porque no tenía ni novio ni hijos, y eso que tenía algo más de veinte años. Las posibilidades de trabajo iban en función de mi escote y el sueldo en función del de mis compañeros. Y aquí estoy, gritando lo cabrones que sois con las piernas abiertas y los shorts bien cortos.


martes, 10 de abril de 2018

Caída libre.

El agua comenzaba a cubrirla peligrosamente por encima de los hombros, pero le daba igual. Todo le daba igual. Solo quería huir, terminar, librarse del dolor y de la presión. La vida le pesaba toneladas, tanto que la arrastraba a las profundidades del pozo oscuro en el que se había convertido su memoria. La hacía caer lentamente como un globo aerostático al que no se le ha aligerado el lastre. Caía y caía, en picado, sin paracaídas y sin red que la salvase del golpe. 

El agua salada ya cubría su boca. El frío enero comenzaba a amoratar sus mojados miembros y a recordarle lo que era el dolor verdadero. Y con el dolor llegó la lucidez. Años de sufrimiento silencioso, lágrimas fugaces ocasionadas por el dolor de la traición y el abandono, golpes físicos y mentales de aquellos que querían hundirla como a un barquito de papel a la deriva. Humillaciones, zancadillas literales y metafóricas, decepciones, miedos alimentados por monstruos de carne y hueso decididos a trabar su éxito, complejos acentuados por palabras... Ella tenía talento, tenía vida, tenía sueños. Ella ponía esfuerzo, ponía ganas, ponía empeño. Ellos, sin embargo, pusieron odio, envidia y miedo. Ese es el problema de las mentes pequeñas, para crecer intentan comerse a las grandes sin darse cuenta de que la única manera de hacerlo es abrir las puertas a nuevas ideas.

Sin embargo, el barquito de papel a la deriva aprendió a navegar a través de las tormentas. La muchacha comenzó a salir del agua, sin prisa pero sin pausa. Y así fue como el barquito llegó a la orilla sano y salvo. Con rasguños, sí, pero ya nadie podría impedirle navegar, porque ahora era un experto. 



lunes, 9 de abril de 2018

A la inversa.

Odio. Oscuro y profundo odio. Más fuerte que la ira. Tan poderoso como el amor. Crece lentamente, a veces sin que te des cuenta. Primero un pequeño pinchazo, justo ahí, en el pecho. No lo asocias con el principio de nada, solo eso, un pinchazo. Algo que detona algo, que acciona el mecanismo sin siquiera avisarte. Luego, todo va lento. Como una inyección, expandiéndose desde el lugar en el que se introdujo hasta que no quede un solo hueco sin estar cubierto. Y lo sabes, entonces lo sabes. Ya no hay vuelta atrás. Porque del amor al odio hay un paso, pero no funciona tan bien a la inversa.


jueves, 29 de marzo de 2018

Bomba.

- Nos quedan 57 segundos, Laura. ¿Qué hacemos?

El tiempo corría en el reloj. Los segundos caían como gotas de lava ardiendo, arrasando con todo a su paso. La decisión debía ser tomada. Ya. Ni un segundo más o morirían todos. Buenos y malos. Pero ¿quién debía morir? Entonces lo tuvo claro. Si no había otra salida los otros serían los cadáveres cuando el segundero llegase a cero. Apretó el botón y entonces explotó. Todo se llenó de escombro. No hubo gritos, ni miedo, ni dolor. Solo muerte. La muerte de Laura y su equipo, porque los buenos no siempre ganan y aquella bomba estaba peor colocada de lo que ella creía. 

Los contrabandistas salieron del puerto rumbo a su destino sin mayor peligro que un ataque de risa por el error cometido por la policía. Una nueva broma macabra que contarle a sus compinches.


viernes, 9 de marzo de 2018

MINIFALDA.

Vístete (como quieras), sal a la calle, cómete el mundo, rompe barreras, alza la voz y no tengas miedo. Eso es lo que quiero para ti, para todas. Rompe tabúes, enciende la mecha de la revolución. Sé la chispa que la bomba necesita, que exploten estereotipos, miedos y complejos. Incendia el mundo con tu fuego, pisa fuerte y no mires atrás. Pero no olvides, nunca olvides a las predecesoras que iniciaron nuestra batalla, aquellas que te han dado voz y voto (nunca mejor dicho). No olvides las vidas perdidas, los sueños truncados, los tú no vales por ser mujer... Hazte respetar respetando, creyendo, luchando y razonando. Saca tu mejor minifalda e impón tú derecho a no ser tocada si tú no quieres. Recuerda, tú decides el cuándo, el dónde y con quién. Reclama tus derechos, sé una leona, ruge si es necesario y muestra tu fuerza, que no es poca. Saca tu bandera a la calle, pero no un día, sino todos. No te calles, no permitas, no vaciles, no temas. No estás sola. 


martes, 27 de febrero de 2018

No me pierdas.

Tócame, electrízame, respírame, absórbeme, bébeme, ámame, bésame, hazme reír y ríete conmigo, sonríeme, abrázame, acaríciame, revuélveme, guíame, compréndeme, desnúdame, deslúmbrame, enamórame, rózame, sugiéreme, enrédame, enloquéceme, aráñame, extráñame, sacúdeme por dentro.

No me hagas llorar, no me golpees, no me ahogues, no me asfixies, no me engañes, no desvistas a otras, no me ciegues ni me ensordezcas, no me rompas, no me anules, no me mientas, no me detengas, no me oscurezcas, no me olvides. No me pierdas. 


martes, 20 de febrero de 2018

Sueño de tinta.


De aquel cuadro chorreaba tinta. Cada gota que caía sobre el gastado suelo cobraba vida y formas distintas. Desde perros hasta árboles andantes. Cada mínima partícula de color (entonces vivas) se encaminó al viejo camastro donde el artista “descansaba los ojos” roncando a moco tendido. Fue la extraña sensación de sentirse cubierto de humedad en movimiento lo que le hizo abrir los ojos para hallarse completamente envuelto en colores. Ya no era él quien orquestaba sus movimientos, sino las diminutas gotas vivas que lo empapaban y lo dirigían ante su inacabada obra. Vio anonadado como sus manos tomaban el pincel y comenzaban a dibujar la silueta de una mujer en un lienzo que creía maldito. Aquel cuadro había quedado relegado al infierno de las obras que jamás serían acabadas  y, sin embargo, ahora lo veía nítido. Lo veía completo. Y salía de su pincel, de sus manos. Comenzó a reírse como un loco y a dar pinceladas más enérgicas guiadas por la tinta de aquel otro cuadro lleno de inspiración y arte, hasta que el pincel cayó al suelo, sin vida. La obra había sido terminada.


Entonces despertó. Saltó del camastro y comenzó a buscar rastros de tinta por su cuerpo, pero no encontró nada. Solo el viejo pincel tirado en el suelo al lado de aquel cuadro, que antes de dormirse no era más que un amasijo de sombras y colores mal distribuidos y que ahora era una bella mujer sonriéndole a la vida. 




miércoles, 14 de febrero de 2018

¿Cuándo vuelves?


Has dejado tu sabor en las tostadas y en el azúcar que le echo al café. Tu olor está en mi almohada y en mis manos. Has dejado tu caos en mi pelo y tu saliva en mi cuello. Has dejado la luz encendida en habitaciones que antes no tenian dueño. Has dejado tu ropa en mi cesto, tu cepillo en mi baño. Has dejado mi mundo enredado en tus piernas y mis dedos enganchados en tus caderas. Has dejado tu sonrisa en mi retina, pero no te preocupes solo dime cuando vuelves.




lunes, 12 de febrero de 2018

Daiquiri

Treinta grados, un daiquiri y un maletín con veinte millones en la mejor suite del caribeño hotel. Quisieron  jugar con fuego y salieron escaldados. No solo se quedó con su dinero, sino con sus secretos. Y ya se sabe, el conocimiento es poder. 

Ella no huye, ella no teme, ya no. No es una proscrita ni tampoco una víctima, simplemente es alguien a quien hay que respetar. No tiene sangre en las venas, tiene lava, como un volcán. Las aceras tiemblan a su paso, temiendo derretirse por su fuego. El incendio es inminente en su presencia. 

Femme fatale, la llaman. Mujer, se autodenomina.




viernes, 9 de febrero de 2018

He traído tarta.

Iván tiene doce años, Marta tiene siete y María cuatro. Hoy es el cumpleaños de la pequeña. Cuatro años ya...

- Manuel, es hora de tomar la medicina. 

Una voz me despierta de mis ensoñaciones, de mis recuerdos. 

- ¿Y la tarta?

El hombre me mira sin comprender del todo.

- ¿Qué tarta?
- La de María. Hoy es su cumpleaños.
- Toma tu medicina, Manuel - dice suspirando.
- Quiero tarta.
- No hay tarta. Solo medicina, lo que necesitas - hace una pausa y dice con un deje de rencor -. Lo que te mereces.

En ese mismo momento salto sobre el enfermero, forcejeamos, él intenta pedir ayuda, pero nadie nos escucha porque la puerta se ha cerrado a su espalda. Llevo semanas sin tomarme la medicación que tan puntualmente se ocupan de suministrarme. Estoy más despierto que nunca y tengo el control de la pelea. Él lo sabe, yo lo sé, por eso ninguno de los dos se sorprende cuando le parto el cuello. Una vez en el suelo  hago un intercambio de ropa y salgo del hospital sin problemas. Me dirijo a la pastelería más cercana y compro una tarta de nata. A María le encanta la nata, se pondrá muy contenta. Es hora de hacer una visita.

Cuando llego el frío y la oscuridad me reciben. Leo los nombres de cada uno de sus respectivas lápidas y comienzo a comerme la tarta.

- He traído tarta - les digo a unos hijos que maté tiempo atrás. 
- Yo he traído el cuchillo  -  dice la voz de Elena desde la penumbra justo antes de clavarme algo punzante en el lateral del cuello -. Te estábamos esperando, cariño - dice con retintín mientras el cálido líquido se extiende por el duro suelo de la cripta familiar donde descansan nuestros hijos.



martes, 30 de enero de 2018

Universo de Esperanza

¿Sabíais que grano a grano se puede formar una montaña? ¿Que sonrisa a sonrisa se puede ser y hacer feliz? ¿Sabíais que vale más ayudar que mirar hacia otro lado? ¿Que el mundo puede ser mejor si simplemente nos ayudamos entre todos? Encadenemos esperanzas a las sonrisas y regalémoslas. No pasemos por el mundo como si no fuésemos parte de él. Seamos la huella que otros siguen. Iniciemos una revolución. 


Hace algún tiempo fui convocada, por así decirlo, a participar en un libro solidario. Concretamente, un libro con el que se pretende ayudar a la Fundación ALIBER (Alianza Iberoaméricana de Enfermedades Raras o Poco Frecuentes) en el estudio de las enfermedades raras. Junto con muchos otros escritores, más o menos expertos, aporté mi granito de arena a esa montaña de esperanza. 

Universo de Esperanza, que así se llama la obra, está disponible en plataformas digitales y en versión impresa. A continuación dejaré toda la información que, Marijose, impulsora y encargada de este proyecto ha tenido a bien hacerme llegar para que yo, como buenamente puedo, os comunique.












jueves, 25 de enero de 2018

Seres dañinos por excelencia.

Juzgar sin saber, hablar por hablar... Deporte nacional. Con lo fácil que sería vivir sin dañar, disfrutar sin perjudicar, reír sin ofender... Sin embargo, nos empeñamos en destruir el mundo. Somos como moscas encantadas de ver como la sociedad se pudre para poder aprovecharnos de los desechos que quedan. Jugamos con la hipocresía como si fuese una baraja de naipes, cambiamos las cartas a nuestro antojo como los mayores tramposos del mundo y sacamos a relucir nuestras mejores jugadas en los momentos que más nos conviene. No importa quien es el contrincante. No importa si nuestra rastrera jugarreta lo desmonta como un muñeco de lego que jamás reunirá sus piezas o si lleva una armadura más solida que nuestro metalizado corazón. Nos da igual, lanzamos dagas voladoras creyéndonos con derecho a hacerlo, sintiéndonos con la divina potestad de opinar sobre todo, sobre todos. No obstante, ser el objetivo del francotirador no nos gusta. Sentir como el punto rojo apunta directo sobre nuestra cabeza hace que nuestras piernas tiemblen, que nuestras manos suden y aún así volveríamos a hacerlo. Porque somos animales de costumbres y nuestra mayor costumbre es juzgar. Dañamos sin vivir realmente, porque no somos capaces de vivir sin hacer daño a los demás. 

miércoles, 17 de enero de 2018

No estamos "solitas".

Son las seis de la madrugada. Camino tranquila, despacito y casi de puntillas porque el dolor de pies provocado por los tacones me está matando. La calle está vacía, silenciosa. Mis amigas se han ido por un lado y yo por otro, pequeños inconvenientes de vivir cada una en una punta de la ciudad. Estoy sola y tengo frío. Me muevo por la inercia del cansancio en dirección a mi cama, más que a mi casa, y con los recuerdos sonrientes de una noche de diversión entre amigas. El eco de mis tacones es todo lo que interrumpe el silencio de la calle, haciendo que me pregunte a mí misma por qué los llevo. Sin embargo, cualquier respuesta a esta hora y sin haber dormido me resulta vaga y sin sentido. El silencio sigue invadiendo el espacio y, tal vez por las voces de cientos de mujeres asustadas mucho antes y mucho después que yo resonando en mi cabeza, recordándome que el mundo no es un lugar seguro, convenzo a mis pies doloridos de que aceleren el paso. 

- ¡Rubia! ¿A dónde vas tan solita?

La voz procede de una figura oscura resguardada en un portal, su cara escasamente alumbrada por un mechero que intenta encender un cigarrillo. En mi cabeza una respuesta nítida se conjuga: A donde a ti no te importa. No obstante, aquellas voces de tantas otras que antes me hicieron acelerar el paso, ese instinto femenino de supervivencia me dice que no diga nada, que siga andando. Más rápido. Sin mirar atrás. 

- ¿Por qué tanta prisa, rubita?

El individuo comienza a seguirme y mi mano se dirige automáticamente al móvil. Siento cómo él acelera y yo estoy al borde de echar a correr. Cojo el móvil nerviosamente en la mano e intento marcar.

- ¿Vas a llamar a tu novio? ¿Cómo te deja ir solita por la noche? - dice antes de añadir con un deje de de ese tono vicioso y asqueroso que solo su subespecie de depredadores monstruosos posee - Mmm.. Y además con esa faldita...

Consigo marcar el número de mi madre, siempre la primera de la lista de llamadas. Escucho el primer tono justo antes de que el individuo me alcance y de que me arrastre a la oscuridad de un portal. Grito aterrorizada y escucho lejanamente a mi madre coger el teléfono, pero es demasiado tarde porque el me lo arranca y lo lanza fuera de mi alcance.

- Vamos a ver que esconde esa faldita, zorra. 

Forcejeo mientras siento su aliento húmedo en mi oreja. Le pego una patada en la entrepierna y consigo zafarme lo suficiente de su abrazo como para salir corriendo. Estoy a quinientos metros del portal de mi casa y grito desesperada. El depredador consigue levantarse y correr detrás de mí. Acelero el paso al máximo posible, gritando, pidiendo auxilio, suplicando que mi madre haya decidido salir en mi busca, que aparezca para salvarme. Nada ocurre, solo sigo corriendo con él pisándome los talones y gritando: puedes correr, pero terminaré cogiéndote... Así solo lo estás empeorando. Intento ignorar sus palabras, intento seguir corriendo, intento no pensar y simplemente salvarme.

Entonces veo salir a alguien de un portal cercano. Tiene algo en la mano. La veo. Es una chica. Él no la ve y esa es la mayor de mis suertes, porque gracias al factor sorpresa la chica consigue partirle una palo de escoba en la cabeza. El hombre cae al suelo, la chica corre hacia mí y me abraza. Me pregunta si estoy bien. No soy capaz de contestar, solo puedo mirar como la sangre fluye por la acera provocando que mi respiración vuelva a su estado normal.


miércoles, 10 de enero de 2018

Doce minutos.

Doce minutos me bastaron para dejar de quererte. En el primero me robaste el aliento y jamás me lo devolviste, como siempre. En el segundo el simple roce de tus manos me recordó que era una adicta. En el tercero te fuiste dejándome en el mismo vacío y, a la vez, multitudinario lugar en el que me encontraste. En el cuarto me guiñaste un ojo y el mundo se detuvo. En el quinto te vi jugar a tu juego favorito con otra jugadora. En el sexto te olvidaste de que te estaba mirando, aunque algo en lo más recóndito de mi mente me gritaba que en realidad eras consciente de ello y el saberme observándote despertó tus instintos más morbosos. En el séptimo pasaste por mi lado, rozándome, haciéndome recordar que mi aliento era tuyo. En el octavo me regalaste una gota de tu cariño calmando a la sedienta tonta que habitaba en mí. En el noveno tu jugador interior inició la partida definitiva. En el décimo la besaste. En el undécimo me miraste, pero yo ya no te veía. En el duodécimo recuperé yo misma el aliento que siempre te negaste a devolverme. 


jueves, 4 de enero de 2018

Mis amigos os saludan.

Me gusta hacer nuevos amigos, de esos que te cuentan historias, de los que te enamoran y te envuelven en sus mundos haciéndote olvidar hasta el más estúpido problema. De esos a los que puedes recurrir a cualquier hora, en cualquier momento y en la situación más extraña. De los que te acompañan a todas partes si se lo pides. De esos que no se deben juzgar por la portada, porque hay que pararse a leerlos, a conocerlos. Me gusta hacer amigos con los que contar a través de los años, de los que no decepcionan.

En este pasado año he hecho dieciséis amigos nuevos y a uno de ellos lo he redescubierto. Espero no estar olvidándome de ninguno y si es así, ¡ojalá me perdone! Todos y cada uno de ellos me han enseñado una lección o me han regalado una sonrisa, por eso y por mucho más me encantaría que los conocieseis.

Comencé el año en Barcelona, embarcada en las aventuras que Daniel Sempere y Fermín Romero de Torres tenían que contarme y es curioso, porque casi termino el año en el mismo sitio, redescubriendo las mismas aventuras, releyendo la misma historia, enamorándome de los puentes literarios que ya conocía bien. Continué mi trayecto en Kersey, con la historia de Cathy y entendiendo que ni todo el amor del mundo puede perdonar ciertos daños ocasionados. 

Por alguna extraña razón que desconozco, continué mi andadura en Vilagarcía de Arousa, es decir, bastante cerca de casa. En Vilagarcía me encontré con el inspector Fernando Coira que no lo tuvo fácil en un caso de narcotráfico y muerte en el que todo parecía culminar con una sombra en la noche. La niebla que parecía cubrir el caso del inspector Coira complicando su resolución, se trasladó en el tiempo y en el espacio a: un pueblo inglés en la costa Atlántica en 1943, donde Max descubrió los misterios de su nueva casa; Calcuta en el año 1932, donde Ben y Sheere se reencontraban sin ni siquiera darse cuenta de que ya se conocían y a Normandía en 1937, donde Irene e Ismael descubrieron los horrores de Cravenmoore. Después de todo esto me volví a enamorar de Fermín Romero de Torres y conocí al Prisionero del Cielo. 

No tardé mucho en descubrir con Madison (en Francia) que el amor de una madre puede ser infinito y que ni las peores situaciones pueden quebrantarlo. De vuelta en España, Elena me enseñó que nunca es demasiado tarde para hacer lo que realmente quieres, para romper con todo aquello a lo que estás ligada solamente por costumbre, que nunca es demasiado tarde para matar estereotipos. Nunca es demasiado tarde para ser feliz. 

En muchos lugares y en ninguno a la vez, he descubierto también que puede haber un Cuarteto para un Solista y que hay locos que están más cuerdos que aquellos que los juzgan. En Lavapiés, Alba me contó que el amor es más complejo de lo que parece y que a veces elegir es imposible. Con  Julia me fui a EEUU y entendí que con lo que había visto podría juntarse con el solista del cuarteto, porque me enseñó con su historia que estamos destruyendo La Tierra entre todos y que no se debe juzgar a la gente por sus elecciones; por lo visto somos libres para vivir como queramos hasta que otro decide que no tenemos ese derecho. 

También he de decir que he aprendido mucho sobre política americana gracias a Corey Grace y Lexie Hart. Además he entendido que las oportunidades que dejamos pasar son como globos que se nos escapan de las manos volando lejos de nosotros, no volviendo a estar a nuestro alcance nunca más. Gracias Javier por esa hermosa comparación. 

Por último, conocí a mi admirada inspectora Salazar. Amaia, para los amigos, inspectora o jefa para aquellos que dudan de su valía. Ejemplo de mujer valiente y fuerte, me ha enseñado a creer en la justicia y en guardianes invisibles. 

Gracias a todos, gracias de verdad. Gracias Carlos Ruiz Zafón por la saga de El Cementerio de los Libros Olvidados y la Trilogía de la Niebla. Gracias a Leila Meacham por Regreso a Kersey. Gracias a Arturo Baeyens Martin por Una Sombra en la Noche. Gracias a Delphine Bertholon por Nunca Olvides que te Quiero. Gracias a Fátima Casaseca por Nadie se Muere de Esto. Gracias  José Luis Sampedro y Olga Lucas por Cuarteto para un solista y a Karen Thompson  Walker por La Era de los Milagros. Gracias a Elisabet Benavent por Alguien que no soy. Gracias a Richard North Patterson por La Contienda y mil gracias a Javier Martínez por su generosidad con El Lugar Donde Mueren los Globos Perdidos. Por último, gracias Dolores Redondo por la Trilogía del Baztán con la que he terminado y empezado el año nuevo. 

Millones de gracias por regalarme la oportunidad de vivir mil vidas en una.


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