sábado, 4 de febrero de 2017

LUCHA



Esfuerzo que se hace para resistir a una fuerza hostil, para subsistir o para alcanzar algún objetivo.


- Tiene endometriosis.

Las palabras del doctor Zaragoza volvían a mi cabeza siempre que las fuerzas me fallaban. Tres años diagnosticada de endometriosis y no conseguía hacerme a la idea de que mi vida ya nunca volvería a ser igual. Los dolores me perseguían desde hacía ya demasiado tiempo, no había ni un solo día de descanso en el que pudiese decir: Hoy me siento bien.  Náuseas, mareos, sangrados... Solo eran piezas del rompecabezas agónico en el que se había convertido mi vida. Ciertos días, tenía tan insoportable dolor que, si cerraba los ojos, podía sentir como miles de puñales atravesaban mi abdomen con total precisión. Sin embargo, al abrirlos de nuevo nada me estaba perforando, todo era interno. Mi cuerpo había decidido dejar de funcionar correctamente sin ni siquiera pedirme una simple opinión al respecto. 

Supongo que soy una afortunada, dentro de mi gravedad. Tengo camaradas en esta tediosa travesía que han terminado perdiendo órganos y familia. Y digo familia porque en numerosas ocasiones, la gente no te comprende. El dolor, muchas veces, hay que vivirlo para poder creerlo. La endometriosis se queda con una parte de ti que jamás vuelves a recuperar. Se apodera de tus ganas de vivir, tu vida normal desaparece, te encuentras en una situación en la que no puedes hacer tus tareas diarias porque, directamente, no puedes moverte. Ya no te apetece salir de casa, quedar con tus amigas es misión imposible y la vida de pareja... Bueno, digamos que la intimidad con la persona que amas puede ser lo último que se te pasa por la mente. Te sientes inútil, pesada y muerta en vida. El concepto de vida normal se difumina de manera irrecuperable y tu nueva rutina es una situación discapacitante y delirante en la que matarías por no tener que estar. 

Operaciones no curativas, paliativos del dolor poco efectivos e intentos infructuosos de mejorar la calidad de vida es todo a lo que podemos agarrarnos. Probablemente podría hacerse más, pero como siempre, la salud es un gran negocio. Somos productos con los que comercializar, nuestra cura, nuestro sufrimiento... solo forman parte de una larga cadena en la que la regla de oferta y demanda es el principal motor. 

No, tres años no son suficientes para asimilar que el resto de mi vida será un infierno. Tal vez, este escrito sea algo más que un desahogo de mis pensamientos... Tal vez, sea una manera de enfrentarme a mi estado de frente, abrazar a esta maldita enfermedad y decirle: Vamos a llevarnos bien. El camino va a ser tedioso y, probablemente, no conozca la plenitud del dolor que realmente puedo tener, pero una cosa sí sé, es hora de apretar los dientes y pelear con fuerza. No me vas a ganar.


Este relato tiene un propósito, dar visibilidad a una enfermedad poco reconocida. La difusión de la existencia de esta patología es una forma de darle voz a aquellos que se han quedado sin fuerza para hablar.  Se necesitan firmas, si quieres aportar tu granito de arena aquí tienes esta propuesta de Change.org, no dejemos que sigan siendo ignoradas:


2 comentarios:

  1. Hola soy Eugenia presidenta de la asociación ADAEC, desgarrador y tan real,como la de millones de mujeres que la sufrimos, es terrible oír tener que combatir toda la vida con la enfermedad, por ello solo unidas seremos mas fuertes, tenéis mi apoyo y el de la asociación, gracias por hacerla visible.

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    1. Hola Eugenia,
      Mi intención era dar visibilidad a tantas mujeres en una situación tan desesperante, tan triste, tan solitaria... No soy enferma de Endometriosis, pero conozco el dolor crónico al dedillo, porque entre otras, soy enferma de Fibromialgia. Espero que este relato cumpla su cometido y sirva de algo. ¡Ánimo y mucha suerte!

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