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martes, 21 de marzo de 2017

INMISERICORDE


Que no se compadece de nada ni de nadie.


El viento azotaba los árboles con una ausencia de piedad solo propia del más inmisericorde matarife. A pesar de la inclemencia del tiempo Joel y su pandilla habían salido a explorar el bosque con sus bicicletas como cada tarde desde hacía tres meses. El grupo se había formado, nadie podía ingresar como nuevo miembro, nadie podía darse de baja y solo tenían una norma: debían reunirse cada tarde hasta conseguir explorar el bosque que rodeaba el pueblo por completo. 

"Solo Joel consiguió salir de ese bosque".
Las cinco de la tarde. Todos se dirigían al punto en el que el día anterior habían acordado encontrarse. Joel, Julián, Jose, Joan y Jaime. El club de la J. A las cinco y diez solo tres de los cinco integrantes llegaron al lugar de reunión. Minutos más tardes los gritos aterrados de Joan y Julián rebotaban de árbol en árbol, en busca de alguien que escuchase sus plegarias. Joel, Jose y Jaime, emprendieron el camino en busca de sus compañeros, pero los gritos no eran buenos guías puesto que parecían provenir de todas partes. Finalmente, decidieron separarse. 

Solo Joel consiguió salir de ese bosque. Jamás volvió a hablar ni a ser el mismo, lo que allí había visto y vivido lo ahogaba cada día y cada noche haciéndole sentir como la muerte le pisaba los talones. Los cuerpos destripados de Joan y Julián, los gritos de auxilio de Jaime, la sangre mezclándose con el barro, las fauces de la bestia destrozando el cuerpo de Jose y los ojos del horrible monstruo persiguiéndolo a través del bosque...

Esa tarde de febrero de 1993 pudo haber sido muy diferente si los muchachos hubiesen sopesado los pros y los contras de adentrarse en un frondoso bosque con un temporal azotando sus canillas. Si tan solo hubiesen hecho caso de los cuentos de viejos que la abuela de Joan siempre les contaba... Sin embargo, ni siquiera lo dudaron. Cuenta la leyenda que ese bosque está custodiado por una horrible bestia que solo sale de caza los días de tormenta, sin hacer distinciones entre lo humano y lo animal, devora todo aquello a lo que le lata un corazón.


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