martes, 31 de enero de 2017

NADA


Inexistencia total o carencia absoluta de todo ser.

Apagó la luz con la certeza de que ese sería el último destello que vería. Veintisiete pastillas deberían ser suficientes para proporcionarle el descanso ininterrumpido que siempre pedía. Hacía demasiado tiempo ya que la vida se le antojaba un camino inútil y quería saltárselo como las clases de filosofía en las tardes de instituto. Jamás le había contado a nadie sus planes secretos de suicidio, tratarían de frenarlos. No, lo que ella quería era parar el sufrimiento, aliviar la pesada carga que el vivir le producía. Ahora, mientras se quedaba dormida, podía sentir como esa carga desaparecía. Su abuela le había dicho alguna vez que el suicidio era de cobardes, sin embargo, ella no estaba de acuerdo. Tener el valor suficiente para enfrentarse a lo desconocido, a la nada y abrazarse a esa idea reveladora de paz, se dibujaba en su mente como un acto de osadía digno de héroes. 
"...el silencio la estaba esperando después de tanto
ruido enloqueciendo su cabeza". 

Sí, ahora llegaba su momento... Ese en el que los comentarios ajenos no le afectarían, ese momento en el que ser una oveja más, en un rebaño que no ha elegido, ya no la haría infeliz. Se acabó el sentirse culpable por no cumplir los estándares tanto de belleza como de intelecto. No sería astróloga, maestra o artista, porque ya no tenía que ser nada. A medida que su sueño se hacía más profundo, podía sentir como su alma se convertía en una esencia libre, indomable. Ya no tendría que arrepentirse por sus malas o buenas acciones, ni siquiera de ésta, porque ya no sería nada. Ahora abrazaba el vacío como un componente más, el silencio la estaba esperando después de tanto ruido enloqueciendo su cabeza. 


4 comentarios:

  1. Maravillosa obra descriptiva y reflexiva que conmociona el corazón inundando lo de sentimientos poderosos que sobreviven sin necesidad de una explicación, me encanto, saludos Sanbeta.

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